Pablo Palacio

Pablo Palacio

Nacionalidad: Ecuatoriana



Escritor

Narrador y ensayista ecuatoriano, nacido en Loja en 1906 y muerto en Quito en 1947. Huérfano a los seis años, fue educado por un tío suyo.
A la edad de tres años recibió un golpe en el cráneo que le dejó una profunda cicatriz para toda la vida. Abogado y profesor de filosofía, su vida relativamente breve, su obra precoz, su militancia en el socialismo, sus posturas inconvencionales y su demencia final, arrojan sobre su biografía unas penumbras novelescas. En una época en la cual dominaba el realismo social, la literatura indigenista, Palacio opta por la desintegración de las formas, la parodia y el gusto por lo extravagante, lo marginal o lo monstruoso, propios de ciertas actitudes de las vanguardias.
Trabajó también como periodista, escribiendo artículos de corte filosófico y jurídico. Hoy por hoy, sin embargo, es más conocido como escritor literario.
Escribió su primer cuento, El huerfanito, para unos Juegos Florales organizados en Loja en 1921, cuando Pablo era aún un colegial; con ese cuento ganó un premio que finalmente no recibió, porque en el momento de recibirlo se negó a arrodillarse ante la reina del Festival. En 1927 publicó su libro de cuentos, Un hombre muerto a puntapiés, -calificado de antirromántico porque presentaba seres anodinos y de vulgares pasiones- y Débora (1927), novela subjetiva que sobresale por la profundización en la psicología de sus personajes, característica ésta propia de toda la obra literaria de Pablo Palacio.
Estos libros le convirtieron en el escritor joven más discutido y admirado entre la intelectualidad quiteña. Varios de sus ensayos y artículos todavía se publican en revistas y gacetas.
En 1939 comenzó a sentir ciertos trastornos mentales que pronto se declararían en locura, de forma que los últimos siete años de su vida hubo de pasarlos en una clínica psiquiátrica acompañado y cuidado por su fiel esposa, la cual se ofreció como enfermera en la misma clínica para poder sufragar los gastos del tratamiento.
Las novelas de Palacio, muy cercanas a los experimentos del argentino Macedonio Fernández y a las 'novelas falsas" del español Ramón Gómez de la Serna, ofrecen la irónica y desconcertante experiencia de un relato sin personajes ni argumento propiamente dichos, que algunos críticos engloban en la llamada "antinovela".