La feria de las vanidades
William M. Thackeray

Humor , ,

La feria de las vanidades

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Novela disponible en Español


Vanity
Fair
es indiscutiblemente, y cualesquiera que puedan ser
las preferencias personales del lector o del crítico, una de las novelas
capitales del siglo, admirable por su concepción general, por la maestría de la
ejecución, ...
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Nombre: La feria de las vanidades


Escrito por: William M. Thackeray

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Humor , ,

Número de páginas: 768

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1848

ISBN: 9788491051985




SINOPSIS:

Vanity
Fair
es indiscutiblemente, y cualesquiera que puedan ser
las preferencias personales del lector o del crítico, una de las novelas
capitales del siglo, admirable por su concepción general, por la maestría de la
ejecución, por el estilo, y también por su relación con las otras grandes obras
novelescas que la preceden y la siguen. La innovación realista de Dickens en el
campo de la novela es de extraordinaria importancia, pero, si comparamos su
realismo con el de Thackeray, advertiremos hasta qué punto es inconsciente, e
incluso un tanto somero, el de aquél y consciente y deliberado el de éste. Vanity
Fair
es una sátira
contra los excesos románticos y sentimentales, una reacción contra Walter
Scott, Bulwer Lytton y el mismo Dickens, y a la vez una sátira de la sociedad
contemporánea, pues aunque la acción tiene lugar treinta años antes, la lección
que de ella se desprende es igualmente aplicable a la sociedad de la época en
que vivía el autor. La sátira es acerba y hasta implacable en ocasiones, yVanity Fair es, entre las grandes novelas del
autor, la que más pie ha dado a la acusación de cinismo por parte de algunos
censores; pero a ello puede objetarse razonablemente que el autor no pretendió
darnos con ella una representación total de la sociedad, sino tan sólo de un
sector de ella y de una gens social determinada. Él mismo nos ha explicado que
su propósito era «presentar en escena una especie de gentes que viven sin Dios,
absolutamente satisfechas de sí propias y convencidas de su virtud superior».
Si se objeta, pues, que las Becky Sharp y los Sedley, los Osborne, los Crawley,
representan únicamente una visión parcial de la vida, el autor podría
replicarnos, y así lo ha hecho en efecto, que nunca fue otra su intención. En
todo caso, aun rechazando la exactitud del cuadro como una representación
general de la sociedad, no puede discutirse que, como representación de un
sector de ella, es de una profunda realidad, y en ello han estado contestes los
críticos. Todos sus personajes, lo mismo que las acciones de éstos, son
perfectamente reales, y de todas las épocas; basta mirar a nuestro alrededor
para encontrar sus paralelos. Y ninguno más real que el de la protagonista
Becky Sharp, el más perverso también de todos, el más inmoral y sin escrúpulos,
pero tan inteligente, tan sutil, tan seductora, que no podemos menos de
sentirnos un poco fascinados, como los personajes que giran en torno de ella.
Becky, sin embargo, acaba mal y queda castigada, pues si Thackeray es demasiado
artista para dejarse arrastrar por el prurito moral, es también demasiado
moralista para permitir que sus pillos salgan triunfantes. Lo importante, desde
el punto de vista artístico, es que este fracaso de los malos se produzca
naturalmente, desde dentro, por la parábola natural de los caracteres, en vez
de ser impuesto por el autor actuando como un deus ex machina que reparte equitativamente el premio
y el castigo. Y esta condición tan característica de Thackeray, nos lo muestra
no sólo más auténticamente realista que Dickens, sino también, en el fondo, más
moralista, pese al humanitarismo más externo y más sonoro de éste.




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