El mar, el mar
Iris Murdoch

Drama , Psicológico , Psicológico

El mar, el mar

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Novela disponible en Español


Una primera parte es la crónica diarística de un viejo director de teatro retirado en una casa solitaria frente al mar, cerca de un pequeño pueblo. Desde la soledad, la visita del pasado se hace inevitable, no sólo a través de cartas y recuerdos, sin ...
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Nombre: El mar, el mar


Escrito por: Iris Murdoch

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Drama , Psicológico , Psicológico

Número de páginas: 474

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1978

ISBN: 9788486311124




SINOPSIS:

Una primera parte es la crónica diarística de un viejo director de teatro retirado en una casa solitaria frente al mar, cerca de un pequeño pueblo. Desde la soledad, la visita del pasado se hace inevitable, no sólo a través de cartas y recuerdos, sino entre visitas y encuentros inesperados. La segunda parte está escrita en tono de memoria. La historia ha terminado, al menos para la voz del narrador, el tono es más pausado y, paradójicamente, la narración más ágil: la comprensión se abre poco a poco. En ese lapso se han cruzado pasado, presente y futuro; además de los sueños, los posibles y los imposibles.

El protagonista, un director teatral de unos sesenta años (la autora tenía 49 al publicarla), es un personaje en tránsito: de la acción a la contemplación, del deseo a la comprensión, del coraje a la compasión. En esa bisagra, en ese lapso se sostiene la trama, a través de una voz sostenida contra la soledad, de una racionalidad multiplicándose que entra en quiebra contra la presencia del mar, del discurso que pierde su filo para terminar abriéndose, tanto a la fatalidad como a la paz.

CITAS:
  • ”Oh Dios ”murmuré. No se me
    ocurría qué más decir. Me sentía confundido y empezaba a estar
    muy borracho y con sueño. Oí la voz de James, que seguía hablando,
    y me pareció que venía desde muy lejos: «Él confiaba en mí...
    Fue mi vanidad lo que lo mató... El pago de una falta es automático...
    Se puede trabajar sobre cualquier imperfección... Aflojé mi
    conexión con él... Perdí asidero... La Rueda no es más que...».
  • Mi amor por ti es finalmente sereno. No
    quiero que se convierta en un horno rugiente. Si pudiera haber
    sufrido más, más habría sufrido. Recíbenos ahora como si fuéramos
    tus hijos. La ternura y una confianza absoluta y la comunicación y
    la verdad importan cada vez más a medida que uno envejece. No
    desperdiciemos el amor sin saber cómo es, que es raro. ¿No podemos
    amarnos finalmente en libertad, sin aterradora posesividad y
    violencia y miedo? El amor importa, no el enamoramiento.
  • Hace mucho tiempo decidí que me
    retiraría del teatro cuando hubiera pasado de los sesenta. («Tú
    jamás te retirarás», me dijo Wilfred. «Te sentirás incapaz». Se
    equivocaba). En realidad, estoy cansado del teatro, ya he tenido
    suficiente. Esto es lo que ninguno de los que me conocían bien, ni
    Sidney ni Peregrine ni Fritzie, ni tampoco Wilfred ni Clement
    mientras vivieron, podría prever ni imaginar. Y no se trata tan solo
    de irse prudentemente «en la cresta de la ola». (Cuántos actores y
    directores exceden patéticamente el tiempo en que son bien
    acogidos). Estoy cansado de todo eso. He sufrido...





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