Vidas de los emperadores de Bizancio
Miguel Pselo

Historia , ,

Vidas de los emperadores de Bizancio

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Crónica disponible en Español


Las «Vidas de los emperadores de Bizancio», del constantinopolitano Miguel Pselo (ca. 1017-1078) representan, sin duda, una de las cumbres de la literatura bizantina. Su autor, orador áulico, primer ministro de sucesivos emperadores, habla en esta ob ...

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Nombre: Vidas de los emperadores de Bizancio


Escrito por: Miguel Pselo

Traducido por: Juan Signes Codoñer

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: No Ficción

Género: Crónica

Temas: Historia , ,

Número de páginas: 362

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1078

Contiene anotaciones



SINOPSIS:

Las «Vidas de los emperadores de Bizancio», del constantinopolitano Miguel Pselo (ca. 1017-1078) representan, sin duda, una de las cumbres de la literatura bizantina. Su autor, orador áulico, primer ministro de sucesivos emperadores, habla en esta obra de los emperadores: Basilio II [976-1025], Constantino VIII [1025-1028], Romano III Arguiro [1028-1034], Miguel IV Paflagonio [1034-1041], Miguel V Calafate [1041-1042], Zoe y Teodora [1042], Constantino IX Monómaco [1042-1055], Teodora [1055-1056], Miguel VI el Viejo [1056-1057], Isaac I Comneno [1057-1059], Constantino X Ducas [1059-1067], Eudocia [1067], Romano IV Diógenes [1068-1071] y Miguel VII Ducas [1071-1078].
El mejor relato histórico de la literatura bizantina, por primera vez en castellano.

CITAS:
  • Tropas enviadas desde Constantinopla derrotaron a Romano Diógenes y, a pesar de las garantías de seguridad que le dieron cuando acabó rindiéndose, le sacaron los ojos. Romano murió poco después a resultas de las heridas: un final trágico para un noble general y uno de los capítulos más infamantes de la historia bizantina.
  • Y por su parte el emperador Constantino se jactaba de haber eliminado al usurpador. Sin embargo, la versión que más se acepta dice que todo se debió a una conspiración y que un veneno, que tomó mezclado en su bebida, bloqueó de repente su capacidad motora al apoderarse del lugar del encéfalo en el que reside la consciencia, provocando así el vértigo y su caída. La consigna habría sido de Basilio y del copero del usurpador la mano traidora.
  • Yo mismo lo vi cuando ya había cambiado su suerte y se había convertido en juguete de la fortuna. Nada en él era adecuado o concorde con la solemnidad de una parada, ni el caballo, ni sus vestidos, ni ninguna otra de las cosas que pueden transformar a un hombre. Por el contrario, del mismo modo que alguien que, siendo un pigmeo, quiere ser un Hércules y pretende adoptar la apariencia de aquél, queda más en evidencia por su disfraz, envuelto en la piel de león pero agobiado por el peso de la maza, así en él todo producía el efecto contrario.





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