La isla inaudita
Eduardo Mendoza

Drama , ,

La isla inaudita

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Un «viaje sentimental», un interludio romántico, una novela de amor y humor: Eduardo Mendoza descubre aquí, en la peripecia de un viajero cándido y perplejo, otra faz de su escritura. En una Venecia insólita, a la vez cotidiana e irreal, el prófugo v ...
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Nombre: La isla inaudita


Escrito por: Eduardo Mendoza

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Drama , ,

Número de páginas: 274

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1989

ISBN: 9788432217838




SINOPSIS:

Un «viaje sentimental», un interludio romántico, una novela de amor y humor: Eduardo Mendoza descubre aquí, en la peripecia de un viajero cándido y perplejo, otra faz de su escritura. En una Venecia insólita, a la vez cotidiana e irreal, el prófugo viajero se sustrae a las férreas y sórdidas leyes de su rutina barcelonesa para ingresar en un paréntesis que de provisional parece llamado a convertirse en indefinido: una vida regida quizá por otra lógica secreta, hecha de encuentros casuales, de sucesos imprevistos, de relatos y leyendas de tradición oral y de mitos lacustres. En el dédalo veneciano, la soltura narrativa de Mendoza y su siempre admirable desparpajo nos deparan, en pintoresca andadura agridulce, a un tiempo poética e irónica, una nueva y sorprendente finta de una de las trayectorias más brillantes de nuestra novelística de hoy.

CITAS:
  • En aquella pensión se hospedaba también una muchacha menuda y jovial, de aspecto avispado, no mayor de veinte o veintidós años ni exenta de atractivos, de quien los demás huéspedes solían murmurar. Ella [...] aunque vestía de un modo discreto y recatado, todos sabíamos que usaba ropa interior de fantasía, pues la lavaba en su cuarto y la oreaba en su ventana. De todo lo cual deduje que aquella muchacha no desempeñaba una profesión deshonesta, pero que probablemente se valía de medios deshonestos para desempeñar una profesión honesta en forma exitosa.
  • Eran solamente las dos y media, pero sabía que ya no volvería a conciliar el sueño hasta el amanecer. Con todo, ahora tenía cosas en que pensar y la perspectiva de pasar aquellas horas a solas consigo mismo no le producía el menor desasosiego. También tenía para sí el paisaje de aquella isla inaudita, finalmente conquistada. Contempló las torres y las cúpulas, linternas y chapiteles iluminados por la luz de la luna. Mañana será otro día, pensó.





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