Una novela criminal
Giancarlo De Cataldo

Drama , ,

Una novela criminal

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Después de que el Frío y el Libanés den su primer golpe con éxito, comienza a formarse en sus cabezas la idea de conquistar Roma. Para ello necesitan crear una organización criminal que empiece por dominar el negocio de la droga y acabe por extender ...

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Nombre: Una novela criminal


Escrito por: Giancarlo De Cataldo

Traducido por: Patricia Orts García

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Drama , ,

Número de páginas: 627

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 2002




SINOPSIS:

Después de que el Frío y el Libanés den su primer golpe con éxito, comienza a formarse en sus cabezas la idea de conquistar Roma. Para ello necesitan crear una organización criminal que empiece por dominar el negocio de la droga y acabe por extender sus tentáculos a cualquier negocio sucio de la ciudad. Pronto conseguirán reunir a su alrededor una fiel banda, sanguinaria y sin escrúpulos que penetrará en todas las capas de la sociedad. A través del tráfico de drogas, la prostitución y el juego, se apoderarán de la criminalidad romana y tomarán contacto con todo lo podrido que la puebla: jueces y policías corruptos y organizaciones terroristas, en una de las épocas más convulsas de la reciente historia italiana.

CITAS:
  • El juez no tenía ninguna relación con esos gansos de Magistratura Democrática. Era un hombre de orden. Un moralista políticamente descolorido. [...] Scialoja, por su parte, se agitaba descompuesto en el interior de su traje de grandes almacenes que apenas podía contener su masa muscular. [...] Aire de duro pulido. Frente alta, ojos oscuros, penetrantes. [...] Sintetizando en un modo brutal [...] Scialoja tenía huevos, pero carecía de poder. Borgia tenía poder, pero carecía de huevos. A fin de cuentas, no eran sino hombres de una sola dimensión. Leales servidores del Estado.
  • Detestaban los sueños. [...] El sueño de construir algo destinado a durar. Pero no se construye sobre la nada. La partida no la ganan los héroes jóvenes y hermosos. La partida la gana quien se queda en el campo cuando los demás ya están hartos. Y, por lo general, aquellos que resisten ese segundo de más son los canijos, las bolas de grasa, los contables, los mezquinos por los que no darías ni una lira.





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