Perro callejero
Martin Amis

Drama , ,

Perro callejero

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Xan Meo es un hombre de múltiples talentos: actor, músico, escritor, y también hijo de un célebre delincuente. Una noche, Xan se sienta a tomar una copa en la terraza de un pub y, al poco rato, dos hombres le parten la cabeza a cachiporrazos. Tras un ...
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Nombre: Perro callejero


Escrito por: Martin Amis

Traducido por: Francisco Javier Calzada

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Drama , ,

Número de páginas: 331

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 2003

ISBN: 9788433972750




SINOPSIS:

Xan Meo es un hombre de múltiples talentos: actor, músico, escritor, y también hijo de un célebre delincuente. Una noche, Xan se sienta a tomar una copa en la terraza de un pub y, al poco rato, dos hombres le parten la cabeza a cachiporrazos. Tras una difícil convalecencia será otro. Deberá acostumbrarse a su nuevo ser, como todos los que le rodean, porque Xan se convertirá en un antimarido, en un antipadre, movido por impulsos primarios y con una sexualidad muy perturbadora.
Pero hay otros personajes que inciden en la vida de Xan. Clint Smoke, un periodista de un diario amarillista volcado en la pornografía y las noticias de escándalo, y también Henry England, el rey de Inglaterra y padre de la Princesita, a la que alguien ha fotografiado desnuda en su bañera. También está el misterioso Joseph Andrews, como una araña en el centro de una vasta red, de un imperio.

CITAS:
  • Al leer esto, Smoker se había dado tardíamente cuenta de que sus relaciones más duraderas y satisfactorias las había tenido siempre con dipsómanas. O, por decirlo de otra manera, que le gustaba practicar el sexo con mujeres bebidas. Parecían existir tres razones para ello. Una: que todas se comportan estúpidamente. Dos: que a veces pierden el conocimiento (y entonces sí que puedes disfrutar realmente con ellas). Tres: que de ordinario no recuerdan si das un gatillazo. Todo eso te quita presión. Puro sentido común.
  • Enrique era enemigo de la frugalidad y derrochador por naturaleza. Hasta entonces las personas del servicio real que se jubilaban tras medio siglo de trabajo solían recibir una servilleta de té con el monograma real, una alfombrilla de baño o una entrada gratuita para visitar la sala de los Rubens en el castillo de Windsor. Pero, tras la llegada al trono de Enrique, recibían veinte cajas de champán de añada, o un precioso coche nuevo.





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