El crimen de las figuras de cera
John Dickson Carr

Policial , ,

El crimen de las figuras de cera

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Elegante, frío e inexorable, Bencolin, jefe de la «Sûreté» de París, investiga la misteriosa muerte de Odette DuchÁªne, cuyo apuñalado cadáver ha sido descubierto en el río. El último lugar donde vieron con vida a la muchacha fué el Museo de Figuras ...

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Nombre: El crimen de las figuras de cera


Escrito por: John Dickson Carr

Traducido por: Estela Canto

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Policial , ,

Número de páginas: 205

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1932




SINOPSIS:

Elegante, frío e inexorable, Bencolin, jefe de la «Sûreté» de París, investiga la misteriosa muerte de Odette DuchÁªne, cuyo apuñalado cadáver ha sido descubierto en el río. El último lugar donde vieron con vida a la muchacha fué el Museo de Figuras de Cera.
Bencolin recorre el museo; allí en los brazos del Sátiro del Sena, hay otro cadáver.

CITAS:
  • ”Y... ¿comprende usted?... Este silencio, este quieto huésped de la penumbra, es mi mundo. Creo que es como la muerte, exactamente, porque la muerte debe consistir en gente helada para siempre en las actitudes que tenían al morir. Pero ésta es la única fantasía que me permito. No imagino que las figuras vivan. He pasado muchas noches entre mis figuras, y he cruzado las rejas, y me he detenido frente a ellas. He mirado la cara muerta de Bonaparte, imaginando que realmente estaba en la habitación en que murió; tan fuerte era mi fantasía, que pude ver estremecerse la luz nocturna, y escuché el...
  • El vestíbulo estaba casi a oscuras. Las cortinas estaban corridas sobre la puerta de la derecha, pero pude oler el espeso aroma de las flores, y un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Es más difícil vencer el miedo infantil a la muerte cuando un ser humano yace plácidamente en un ataúd resplandeciente y nuevo, que cuando vemos a ese mismo individuo recién asesinado y bañado en su propia sangre. Lo segundo es horrible y doloroso; lo primero representa ese ordenado y espantoso sentido práctico que dice: «No verás más a esta persona».
  • Sentí la horrorosa impresión, como un golpe en el corazón, que Claudine Martel debió sentir cuando aquello, hombre o mujer, avanzó. Y aún más espantoso era la escena de la moribunda muchacha gritando el nombre de su asesino a las paredes mudas...





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