Las cartas que no llegaron
Mauricio Rosencof

Memorias , ,

Las cartas que no llegaron

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Ensayo disponible en Español


Desde los campos de concentración nazis a las celdas de tortura de la dictadura uruguaya, retazos estremecedores de la historia de una familia, en testimonios de un niño, un joven, un hombre: una sola memoria para narrar realidades que empalidecen a ...
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Nombre: Las cartas que no llegaron


Escrito por: Mauricio Rosencof

Traducido por:

Anotaciones:

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: No Ficción

Género: Ensayo

Temas: Memorias , ,

Número de páginas: 77

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 2000

ISBN: 9788415009368




SINOPSIS:

Desde los campos de concentración nazis a las celdas de tortura de la dictadura uruguaya, retazos estremecedores de la historia de una familia, en testimonios de un niño, un joven, un hombre: una sola memoria para narrar realidades que empalidecen a la ficción. Mauricio Rosencof: una profunda reflexión sobre su vida y la de los suyos. Los eslabones generacionales sintetizan a quienes les precedieron y anticipan a quienes les sucederán: «te escribo para escribirme lo que hoy por hoy siento es que yo, hoy, soy vos».
En un mundo convulsionado por guerras y separaciones, hay vínculos que se preservan empecinadamente adquieren un valor supremo las cartas, mensajeras del ánimo, el afecto y el alivio para soledades y tristezas, aún aquellas que no se escribieron.

CITAS:
  • Los alemanes hacen correr la voz de que nos llevan a campos
    de trabajo, para fundar colonias, pero que ya hay hasta duchas, fíjate. Eso
    dicen. Pero que son, por el momento, colectivas, eso sí.
  • Por eso te digo, hay que cuidar a los niños,
    como tu vecina del Hogar custodia el portarretratos, Malka, que volvió del
    último círculo, el trabajo te hace libre, donde murieron todos, aun los que
    volvieron, ella, viejita, a quien le arrebataron su pequeño, muy pequeño, y
    vio, los vio cómo deshacían cuatro años de vida, asombrado el niñito por ese
    juego que terminó con él y con ella, papá, que mece, tan viejita, un
    portarretratos, y canta, dulce, muy dulce, en el idioma del asilo, en el
    yiddish sobreviviente de todos los sobrevivientes «papirene kinder,
    papirene kinder»,
    tan viejita...
  • Por las rendijas del vagón hemos visto un nombre: Treblinka. El tren aminora la marcha. Aquí se respira como un caldo espeso, agrio, agrio de excrementos y cuerpos sucios. Hace días ”¿cuántos?” que vivimos en la penumbra. Irene me dice que tiene hambre. ¿Quién no? Espero que no nos separen. El tren se detiene. Los vagones continúan cerrados. Es extraño. Y extraño si te dijera que lo que más anhelo en este instante ”y no te rías” es mear a gusto, las caderas hacia delante, los brazos en jarras, y las manos apoyadas en la cintura. ¿Conoces mejor manera de mear, Isaac?





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