La pequeña comunista que no sonreía nunca
Lola Lafon

Realista , ,

La pequeña comunista que no sonreía nunca

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Novela disponible en Español


18 de julio de 1976, Juegos Olímpicos de Montreal. Nadia Comaneci, una jovencísima y desconocida gimnasta de un país remoto, Rumanía, ejecuta su ejercicio en las barras asimétricas. Un ejercicio perfecto. La niña de catorce años deja a todos patidifu ...

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Nombre: La pequeña comunista que no sonreía nunca


Escrito por: Lola Lafon

Traducido por: Francesc Rovira

Anotaciones:

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Realista , ,

Número de páginas: 276

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 2014




SINOPSIS:

18 de julio de 1976, Juegos Olímpicos de Montreal. Nadia Comaneci, una jovencísima y desconocida gimnasta de un país remoto, Rumanía, ejecuta su ejercicio en las barras asimétricas. Un ejercicio perfecto. La niña de catorce años deja a todos patidifusos y hace saltar por los aires el marcador electrónico, que no preveía la posibilidad de que un ser humano alcanzara la perfección. Nadia obtiene el primer diez en gimnasia de la historia olímpica. A partir de ese momento epifánico, la historia de la pequeña Nadia es la de una criatura adorable que conquista el corazón del mundo entero: el «hada de Montreal». Pero también la de una niña que en poco tiempo se hace mujer y es sometida por ello a un juicio implacable: «la magia se ha esfumado», sentencia un titular de la época. Y la de una adolescente que vive bajo el régimen comunista de Ceauescu, encumbrada a la categoría de héroe nacional. Y la de una chica sometida a la vigilancia de la Securitate y al asedio de Nicu, el siniestro hijo del dictador. O la de una mujer que, un mes antes de la revolución que derrocará y ejecutará al Conducator, protagoniza una fuga de película a través de la frontera con Hungría y llega a los Estados Unidos como refugiada política para descubrir que el sueño americano no es precisamente un cuento de hadas.
En todas esas Nadias hurga y rebusca Lola Lafon. Pero no como biógrafa, sino como novelista. A través de un intercambio fabulado de correos y conversaciones telefónicas con la propia Nadia Comaneci, teje una especie de documental ficcionado que llena «los silencios de la historia y los de la protagonista». Y así puede hablarnos sobre la dictadura que reina sobre el cuerpo femenino, siempre sometido a exigencias de eterna juventud.
Y sobre la utilización de los mitos populares, en este caso por parte de la propaganda del régimen rumano. Y sobre la Rumanía de los años ochenta, la de la carestía y el racionamiento, la de los decretos demográficos, la del matrimonio Ceauescu más recalcitrante, la del sistema de control y espionaje paranoide de la Securitate. Poniendo voz aunque sea inventada al hada que encandiló al mundo en 1976, en fin, Lafon reinterpreta su historia personal y la de la Guerra Fría antes de la caída del Muro.
«Mientras cuenta la vida de Nadia Comaneci, Lola Lafon hace desfilar la Rumanía de Ceauescu y se pregunta por el papel del cuerpo y por la posibilidad de la libertad. Apasionante» (N. Kaprièlian, Les Inrockuptibles).
«Una acróbata de las letras: sus palabras hacen piruetas, dibujan emociones con delicadeza, describen hazañas deportivas con gracia y se posan, como por arte de magia, justo donde deben. 10 sobre 10» (Le Figaro).
«Lola Lafon, como la gimnasta rumana, ha firmado una hazaña. Mezclando con virtuosismo documentación e imaginación, elabora una reconstrucción conmovedora de la locura Comaneci» (Le Nouvel Observateur).
«Lola Lafon compone un relato en carne viva sobre unas cuantas guerras frías: la del Este contra el Oeste, por supuesto, pero también la de los hombres contra las mujeres, la de los espectadores contra los pequeños soldados del deporte espectáculo, etcétera» (Baptiste Liger, L'Express).

CITAS:
  • esa hambre permanente que le perturba el sueño (soñar que comes y despertarte de madrugada aterrorizada por haber estado a punto de comer)
  • la voz en off del locutor de la NBC repite: «Llora. Llora. Madre mía, cómo llora. Todas las lágrimas de su cuerpo.»
    9,85.
  • Cuando era pequeña y la gente se enteraba de que entrenaba seis horas al día, pasaba a ser «esa pobre chiquilla». Si hubiera sido un niño, nadie me habría compadecido, ¿verdad? Ya conoce el viejo dicho: ¡el deporte hará de ti un hombre, hijo mío! ¿Es que eso no vale para las niñas? A mí me gustaba eso, cuántas veces tendré que decirlo, yo lo escogí.





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