La rebelión de las ratas
Fernando Soto Aparicio

Drama , ,

La rebelión de las ratas

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Novela disponible en Español


Rudecindo Cristancho y su familia se encaminan a Timbalí, principal centro carbonífero del país, esperanzados en un mejor porvenir. Cuando llegan a su destino se encuentran con un pueblo miserable, habitado por obreros que apenas pueden sobrevivir co ...

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Nombre: La rebelión de las ratas


Escrito por: Fernando Soto Aparicio

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: Ficción

Género: Novela

Temas: Drama , ,

Número de páginas: 190

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 1962




SINOPSIS:

Rudecindo Cristancho y su familia se encaminan a Timbalí, principal centro carbonífero del país, esperanzados en un mejor porvenir. Cuando llegan a su destino se encuentran con un pueblo miserable, habitado por obreros que apenas pueden sobrevivir con lo que derivan de su inhumano oficio en los socavones de las minas.
Siendo ese el único empleo disponible, Rudecindo tiene que engancharse para poder satisfacer las necesidades de su familia. Como el resto de sus compañeros, trabaja abnegadamente; pero las injustas condiciones a que son sometidos por sus patrones extranjeros, van engendrando en ellos el germen de la rebelión. Con ofensiva prepotencia sus requerimientos son rechazados, no quedándoles otra opción que la huelga. Los patrones responden a esto haciendo traer un contingente de policías que obligan a los obreros a regresar a las minas.
Los abusos de la policía son inmediatos y la posición de los obreros se radicaliza; se amotinan, y en una apasionada explosión de ira y dolor se enfrentan inermes a la fuerza pública.

CITAS:
  • Pero ¿qué es la civilización? ¿Es un monstruo que se nutre de cadáveres? No. Es la comprensión de los problemas de cada grupo racial, social, humano. Es la solución oportuna, adecuada y justa, de las necesidades de un pueblo. La civilización es progreso, y este no consiste en sacar carbón de una roca y meter, en cambio, hombres para que se pudran. Por eso, y por lo que ellos son más ilustrados, por lo que saben más que nosotros, deberían comprendernos y no condenarnos a la muerte, a la miseria o a la rebelión.
  • Presionó la caja con la punta del cuchillo. Volvió a mirar hacia el altar y le pareció que Cristo tenía sus grandes ojos tristes fijos en él; que lo reprendía por la acción indigna que estaba a punto de efectuar. (...) Y para darse valor pensó en Neco, en su hermana, en Pastora... A ella le traerían un niño dentro de poco. (...) Él tendría un hermanito... ¡Pero pobre! Casi lo compadeció. Pasaría hambres, desnudeces, fríos... Él, un chico de doce años, estaba pensando en todos los problemas como una personita mayor. Una chispa de orgullo lo invadió. Empujó el cuchillo con fuerza, y la tapa cedió sin hacer ruido.





Comentarios:

El usuario Anónimo escribió en la fecha 7/26/2016 5:07:41 PM:


gracias

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